Estoy pensando en que debería cambiar el nombre al blog. En realidad se va a tratar más de lo que no quiere la chica 35+, que de lo que quiere.
Hoy voy a hablar del pelotudo que no contesta. Es cierto, esto puede que no sea característico de una chica 35+. Es más bien de la raza humana.
Lo que yo quiero averiguar es el mecanismo interno que termina en la salida de «no contestar».
Para esto voy a tratar de ponerme los zapatitos del pelotudo que no contesta, rogando a Dios que no se me pegue ningún hongo.
La situación que planteo es la de una relación hombre mujer y que un buen día el supuesto hombre se pone el papel del pelotudo que no contesta. Empecemos a recrear la historia. Asumamos que estaban en una relación que no había llegado a establecerse (ya que si fuera así estaríamos hablando de un secuestro o algo así!). Vamos a asumir también que la relación era prometedora al menos para uno de ellos, la mujer, para evitar la originalidad.
En un momento, se da algún tipo de pausa, nada advertible a simple vista. Un desencuentro, un viaje corto. Y luego no contesta. «Hola como estas? Acabo de llegar». ... al otro día. «todo bien?» ... otro día más, «oime, pasó algo que no me enteré? Te mando mensajes, te veo en línea pero ni me contestas ni se ven leídos» ... dos días más. «no sé que pensar, te llame pero no me contestas el teléfono, decime algo por favor» al día siguiente a la noche. «ya estoy en mi casa, no se si tenes algo para decirme, este es el momento».
Lo terrible de esto no es que sea cierto, sino que sea común.
Finalmente el fulano manda un mensaje, podemos hablar? Te juntas a hablar. Se me apagó la llama dice. No da más explicaciones que esa. Debe entender que no hacen faltas más explicaciones que esa.
Como es que existe gente así. Por que creen que valen más que las mujeres que cometen el error en interesarse por ellos? Es que acaso tiene que enamorarse un Hombre para tener buenos modales?
Desde el lado la mujer esto es, indignante. Simplemente no es digno.
Voy a tratar de ensayar los zapatos ese hombre.
Asumamos que al inicio de la relación este hombre ser sentía nítidamente sólo. Se acerca esta mujer, se interesa. La mujer le da rápidamente lugar en su vida a este hombre desde la cotidianeidad. Un domingo a tarde una plaza con el hijo de ella, unos consejos que recibió de él sobre cómo pintar una parte de la pared sin dejar rayas.
La relación de este hombre solo sin hijos se da en la cotidianeidad de una madre soltera. Al principio este hombre no se asusta, ya que el también quiere tener un hijo, y piensa, bueno, esto es a lo que voy, por lo que no tengo de que asustarme.
Finalmente accedió a pintar la pared. Y tuvo un par de coincidencias con ese niño.
Ya el sentimiento de soledad ya no lo tiene, pero tiene una piedra en el zapato.
Viene el tiempo de la pausa. Ya no siente el efecto de la mujer y el niño. La mujer le escribe pero él desde lo profundo siente que no quiere lo que esta mujer le ofrece. Pero el dijo que sí, si lo que quiere es tener un hijo, esta mujer ya tiene uno! Este hombre no se sienta a analizar sus emociones y simplemente deja los días correr. Pasan los días y los mensajes quedarán como no leídos. Por que no sabe que responder. Si a último momento llega a cambiar de opinión, tirará el teléfono y lo dará por robado. Si no, verá en el momento.
Llega el día. La mujer regresa. Siente que le debe una explicación y cuando se juntan dice, se me apagó la llama. La mujer se torna un poco melancólica y violenta a la vez.
Se acabó.
El hombre actualiza tinder. La mujer sale con una amiga a ver un stand up. Esa amiga invita a otra, que también se separó recientemente. Ríen. Aquella otra queda intrigada con la historia y le dedica una página en su nuevo Blog.
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